miércoles, marzo 26, 2014

Venezuela, la OEA y la legitimidad democrática



La Diputado María Corina Machado saluda a opositores al Gobierno venezolano de Nicolás Maduro durante una manifestación, el viernes 21 de marzo de 2014, frente a la sede de la Organización de Estados Americanos, en Washington.




Venezuela, la OEA y la legitimidad democrática
(Grupo de Diarios América)


La condenable decisión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) de no atender con responsabilidad democrática la discusión del caso de la crisis política, social y de seguridad que golpea a Venezuela, inflige una profunda herida de graves consecuencias al Sistema Interamericano.


Cuando un organismo continental como la OEA adopta la indiferencia ante los atropellos contra los derechos humanos y la libertad de expresión, a la vez que conduce sus sesiones en privacidad dolosa decretando un bloqueo informativo, reniega de su deber moral y ministerial de adoptar una postura digna y rotunda contra toda agresión que sufra la democracia en cualquiera de sus Estados miembro.


Esas agresiones, que comete el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro y que la OEA se niega a ver y a rechazar, tuvieron este lunes otro episodio de funesta trascendencia, cuando el Presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Diosdado Cabello, anunció la expulsión de la Diputado independiente María Corina Machado, en represalia por haber participado el viernes último en Washington en la sesión del Consejo Permanente de la OEA en calidad de "delegada alterna", puesto cedido por el Embajador de Panamá para que pudiera exponer y denunciar la situación de su atribulado país.


Con la acción de Cabello, la Diputado es despojada, en consecuencia, de la inmunidad Parlamentaria, lo que la deja a merced de ser procesada por el Gobierno bolivariano por el supuesto delito de "traición a la patria".


En un acto que debe ser imperativamente condenado por la comunidad internacional, esta arbitraria expulsión se produjo en momentos en que la Parlamentario estaba de visita en Lima, Perú, en una conferencia a la cual fue invitada para exponer los hechos que han sacudido a la nación sudamericana en las últimas semanas.


Estas acciones autoritarias y antidemocráticas convierten en urgentes las iniciativas de apoyo a los sectores democráticos de Venezuela. Los organismos internacionales, como la OEA, deben entender esa urgencia porque estamos ante una cadena creciente de persecución política, encarcelamiento de líderes de la oposición, de represión y uso excesivo de la fuerza contra manifestaciones pacíficas que, en mes y medio, han dejado 36 muertos, cientos de heridos y lesionados y más de mil detenidos sin el debido proceso.


La mayoría de las víctimas de esta represión brutal proviene de las filas de los manifestantes, que han salido a la calle en protesta por el clima de inseguridad ciudadana, por las sistemáticas violaciones a la libertad de expresión, por el desabastecimiento y el alto índice de escasez que obligan a los venezolanos a interminables filas para poder adquirir los alimentos y medicinas de primera necesidad.


Por eso es tan doloroso que, contrario a todo espíritu democrático y de transparencia, una mayoría de países de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe básicamente "beneficiarios" de Petrocaribe, y a los que Venezuela suministra alrededor del 40% de la energía, decidiera que la sesión del Consejo Permanente de la OEA, bajo la Presidencia condicionada del embajador de la República Dominicana, se realizara a oscuras, en privado. Y se procediera a excluir a los periodistas, en un intento inútil para evitar que el mundo se enterara de este triste capítulo de la historia latinoamericana.


A favor de una conducción antidemocrática de la discusión sobre Venezuela, votaron Venezuela, El Salvador, Trinidad y Tobago, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Antigua y Barbuda, Dominica, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Bahamas, Belice, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Surinam y la República Dominicana.


En contraste, impulsaron la transparencia Chile, Perú, Colombia, Costa Rica, México, Canadá, Guatemala, Honduras, Estados Unidos, Paraguay y Panamá, proponente de la atención multilateral al caso venezolano. Es ese multilateralismo el que hace tambalear decisiones como la tomada por la OEA de jugar a la escondida ante una crisis que involucra vidas, democracia e integridad.


La Organización de Estados Americanos tiene que abandonar los temores de la Diplomacia cómplice, pronunciarse valientemente sobre Venezuela y demostrar si quiere conservar o abdicar a su legitimidad.
 

lunes, marzo 17, 2014

Venezuela: una democracia de pan y circo, por Andrés Volpe.



Venezuela: una democracia de pan y circo,
por Andrés Volpe.


Los venezolanos que hoy se encuentran en las calles protestando ya por más de un mes entre guarimbas, bombas lacrimógenas, marchas y enfrentamientos directos con la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) piden por un llamado universal que hace eco en Egipto, Siria y Ucrania, como en muchas otras partes del mundo donde la lucha por la democracia es silente y estrangulada por poderes estatales.


La democracia tuvo su apogeo luego de la caída de la Unión Soviética la cual hizo que surgieran en Europa central multitudes de democracias. El impulso mundial por este sistema de organización estatal siguió su progreso hasta la década que empezó en el año 2000. Freedom House en su reporte del 2014 establece que el 40% de la población mundial vive en condiciones de libertad auspiciadas por gobiernos democráticos. No obstante, se hace evidente el retroceso de naciones consideradas "libres" en el caso de Medio Oriente, Eurasia y China.


Así mismo, se puede apreciar en el reporte que mundialmente ha habido un desmejoramiento y retirada continua de las democracias. Más importante todavía resulta el hecho de pensar que, aunque se considere que la democracia es el sistema de organización estatal estándar en el mundo, menos de la mitad de la humanidad disfruta de ella. Este hecho destruye la concepción de la libertad como condición moderna de la humanidad y rotundamente afirma que el camino que hay que recorrer en la lucha contra el autoritarismo es aún larga.


En América Latina resulta difícil descubrir un progreso lineal hacia la democracia. La democracia implica un progreso continuo de mejoramiento en los ámbitos políticos, económicos y sociales; ella no se puede entender sin vincularla a la idea del progreso humano hacia la modernidad. Esta idea es difícil de digerir en un continente en el cual, según Latinobarómetro en su informe de 2013, la precariedad de las condiciones de vida, la pobreza, la desigualdad, la discriminación y la corrupción estatal siguen siendo los grandes problemas a resolver y los grandes obstáculos a ser superados.


La década de los 80 significó para América Latina el inicio del progreso hacia la consolidación de la democracia en la región. Hacia el comienzo de esta ola de democratización solo existían tres democracias en la región: Colombia, Costa Rica y, irónicamente, Venezuela. Ya para los 90' todos los países de la región eran democráticos o estaban sometiéndose a procesos democratizadores con la excepción de Cuba y Haití.


Ahora bien, el sueño democrático en América Latina fue uno de corta existencia, ya que desde 1993, según estudios realizados por Mainwaring y Pérez-Liñán titulados Democratic Breakdown and Survival in Latin America, 1945 - 2005, la percepción, por parte de los ciudadanos de estos países, de la democracia como sistema preferente sobre cualquier otro sistema de organización del Estado fue decreciendo hasta el 2005. Quizás ello pueda explicar la presencia hoy en día de regímenes híbridos en la región en los cuales se pueden encontrar democracias formales, pero que en la realidad reprimen las libertades esenciales a la democracia liberal.


Venezuela, bajo el gobierno de Hugo Chávez, fue la consecuencia del desencanto que sufrieron los venezolanos por la democracia. El gobierno del "Comandante", desde sus inicios, pretendía ser la nueva vía para burlar los obstáculos y las ineficiencias traídas por un Estado percibido inepto y desasociado con las realidades de la pobreza en el país.


Se inició con un cambio constitucional para terminar por el levantamiento de estructuras paralelas al Estado liberal clásico: las misiones y otros programas sociales que, auspiciados por el gobierno, eran la vía rápida para satisfacer las faltas en educación, alimentos y salud. Dichas estructuras fueron creadas de facto y luego integradas al cuerpo normativo de la ley. Eran el "atajo" que brindaba Chávez a los sectores de pobreza que concebían al Estado como un ente kafkiano.


No obstante, la mayoría de las misiones fueron siendo abandonadas para crear otras que satisfacían las necesidades más apremiantes de los pobres antes de los eventos electorales, es decir, los programas sociales se creaban o abandonaban dependiendo de su efectividad al momento de recolectar y asegurar votos. Hoy en día, el modelo se ha hecho insostenible hasta el punto de que Nicolás Maduro, el sucesor de Hugo Chávez, ha jugado con la idea de poner en efecto una carta de racionamiento alimentario para "paliar la escasez y acabar con la especulación".


Es evidente que Venezuela ha perdido su estado democrático aun cuando formalmente celebre elecciones y los poderes estatales estén organizados, al menos nominalmente, a la manera de Montesquieu. En un ensayo sobre la democracia publicado por la revista de análisis inglesa The Economist, el primero de marzo de este año, se establece que una de las razones por la que tantos experimentos de democracia han fracaso es por el énfasis exagerado que se ha puesto en la celebración de elecciones como requerimiento primordial de la democracia y la poca atención que se le ha dedicado a otros elementos esenciales (Estado de Derecho, reserva legal, garantía de los derechos individuales y de propiedad, y la defensa de las minorías). Así mismo establece en el mismo ensayo que las democracias más exitosas han funcionado porque han evitado caer en la "tentación del mayoritarismo", entendido como la acción de actuar de acuerdo al capricho de las mayorías.


El pretendido soporte popular que disfrutó Hugo Chávez durante su gobierno en múltiples elecciones lo motivó a obrar de una manera caprichosa y establecer un sistema que solo atendía un designio ideológico socialista y a un intento romántico de reivindicación social que ha dejado al país en la miseria y en una situación precaria de gobernabilidad. El populismo mediante programas sociales ha confirmado las palabras de Platón y su principal preocupación por la democracia, ya que este aseguraba que los ciudadanos vivirían en el día a día disfrutando de los placeres del momento y olvidándose del bienestar a largo plazo.


Chávez ha muerto y la pretensión democrática en Venezuela también se ha ido con él. Nicolás Maduro no tiene la capacidad ni el liderazgo para seguir poniendo en movimiento la maquinaria electoral que había perfeccionado Chávez para asegurar internacionalmente la etiqueta democrática. La represión brutal que está sufriendo el venezolano en la calle y en sus hogares es la evidencia de que la democracia en Venezuela nunca fue más allá de un circo cuidadosamente ensayado en el cual la tolda circense se ha caído. La democracia en un país no se esfuma de un día para el otro, sino es un proceso lento y minucioso de decepción política. Maduro es un payaso que, cansado de sonreír, se ha quitado el maquillaje.


 


jueves, marzo 06, 2014

A UN AÑO DE LA MUERTE DE CHAVEZ…





Nicolás Maduro, dictador de Venezuela, en los recordatorios del primer aniversario de la muerte de su antecesor, el tirano Hugo Chávez Frías, en un verdadero camino sin salida, un pueblo hastiado y una crisis económica que no sabe ni quiere solucionar.






A UN AÑO DE LA MUERTE DE CHAVEZ…

Las opciones del Gobierno venezolano,
por Andrés Oppenheimer.


El desastroso Gobierno del Presidente Nicolás Maduro está en problemas más serios de lo que muchos creen, no por las protestas estudiantiles que ya han resultado en más de 16 muertes, sino por la tasa de inflación anual del 56% -la más alta del mundo-, que muy pronto puede tornar ingobernable al país.


La gran mayoría de los economistas coincide en que ningún país del mundo ha logrado mantener estable durante varios años un índice de inflación como ese.


La historia enseña que cuando los países llegan a esos niveles de inflación, o bien adoptan drásticos paquetes de austeridad para controlarla, o caen en la hiperinflación, el caos económico y político.


En otras palabras, sería muy difícil que Maduro logre mantenerse en el poder hasta el final de su período, en 2019, sin tomar medidas drásticas para detener la espiral inflacionaria, poner fin a la escasez de alimentos e impedir la ingobernabilidad. He aquí las opciones que tiene:


Un paquetazo de medidas de austeridad respaldado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al igual que lo hizo Grecia recientemente, y como lo hicieron varios países latinoamericanos antes, Maduro podría pedirle al FMI que rescate a Venezuela con préstamos de emergencia condicionados a medidas de austeridad. Eso exigiría, entre otras cosas, un enorme recorte del gasto público, revertir las nacionalizaciones, levantar los controles de precios y devolver al Banco Central su independencia.


Por supuesto, todas esas medidas serían diametralmente opuestas a todo lo que Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, han estado predicando en los últimos 15 años. Y para poder aplicar estas medidas de ajuste, Maduro necesitaría formar un Gobierno de coalición y evitar así que las actuales protestas callejeras se tornen aún más multitudinarias.


Un paquetazo de medidas de austeridad autoimpuesto, sin participación del FMI. Tal como hizo recientemente México con su Pacto por México, en el que todos los principales partidos políticos acordaron reformas económicas, Maduro podría firmar un pacto con la oposición para lanzar un plan de salvación nacional.


Pero lo más probable es que la oposición no acepte tomar responsabilidad por el desastre económico de Maduro, a menos que haya un Gobierno de coalición que restaure la separación de poderes y convoque a elecciones anticipadas.


Dolarizar la economía. Como Panamá, Ecuador y más recientemente Zimbabue, Maduro podría detener la espiral inflacionaria sustituyendo la moneda venezolana por una canasta de monedas, lo que en la práctica significa adoptar el dólar estadounidense.


Eso ayudaría a devolver la confianza en la economía del país. El problema es que, además de poner en ridículo su propio discurso "antiimperialista", dolarizar implicaría enormes recortes al gasto público.


Eso, al igual que las opciones anteriores, sería muy difícil de hacer sin un Gobierno de coalición o un acuerdo político con la oposición.


Un rescate financiero de China. Como hizo Cuba con la ex Unión Soviética, Maduro podría pedirle a China que rescate a Venezuela a cambio de tomar el control del país y convertirlo en un Estado satélite.


El problema es que los chinos son muy cautelosos, y ya están preocupados por los más de US$ 20.000 millones que les debe Venezuela. El año pasado, Venezuela le pidió a China préstamos por US$ 10.000 millones, con mejores condiciones, pero solo consiguió la mitad de ese monto, y con condiciones más duras.


Ahora, con mayor incertidumbre política que el año pasado, sería aún menos probable que China acepte rescatar a Venezuela, dice Evan Ellis, profesor del Centro de Estudios para la Defensa Hemisférica de Washington D.C., y uno de los mayores expertos estadounidenses en las relaciones entre China y Latinoamérica.


Cuando le pregunté a Ellis si China no podría estar tentada a asumir mayores riesgos a cambio de poder controlar un país petrolero como Venezuela, me dijo que es improbable. Eso requeriría un nivel de supervisión y control por parte de China que enfurecería a Estados Unidos, explicó.


"En todas las oportunidades estratégicas y económicas que los chinos aprovechan en Latinoamérica, siempre toman en cuenta la reacción de Estados Unidos", me dijo Ellis. "China no quiere convertir a Estados Unidos, que es su mayor socio comercial, en su enemigo".


Mi opinión: Es difícil decir cuál de estas opciones elegirá Maduro, pero está claro que no hacer nada no es una opción viable para él. No puede sentarse a esperar una nueva alza de los precios mundiales del petróleo, porque ningún economista serio está pronosticando eso.


A Maduro no le va a quedar otra opción que adoptar un paquetazo de medidas de austeridad, que no podrá implementar por sí solo en un país profundamente dividido sin provocar más -y más grandes- protestas sociales. Si no hay un rescate chino, todos los caminos apuntan a que necesitará un pacto político con los líderes de la oposición, a quienes hoy insulta a diario.


La libertad de nuestro continente depende del fin de las tiranías cubana y venezolana que tratan de exportar sus revoluciones.