viernes, enero 15, 2010

Fin del monopolio cultural.

Fin del monopolio cultural, por Roberto Ampuero.

A partir de esta campaña presidencial, nada será ya como antes en el debate cultural de Chile. En el último medio siglo —excluyendo la etapa de la dictadura militar—, sectores de izquierda dominaron sin contrapeso la discusión en este ámbito de la vida nacional. Se trató de un monopolio que discriminó a intelectuales, artistas o gestores culturales no sólo de derecha, sino también de visión liberal, de centro o democratacristiana.

La reciente actividad de respaldo a la candidatura de Sebastián Piñera, celebrada en la Biblioteca Nacional, donde descollaron los premios Cervantes Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, simbolizó precisamente el inicio de una nueva época, una que en cultura dejó atrás el monólogo y abrió el cauce a la pluralidad y el debate; una que dejó en evidencia que no es premisa ser militante de izquierda para ser artista, escritor o intelectual de verdad.

Es bueno que naufraguen los clisés también en este sentido. No hay democracia donde no se incluyan en esta dimensión diversas sensibilidades nacionales. La cultura de un país, y también el modo en que ésta se impulsa mediante recursos fiscales y privados, concierne a todos, puesto que en el fondo ella es el modo en que una nación se ve y se relata a sí misma, se recuerda, se divierte y se proyecta al mundo y el futuro. Por ello importa este cambio de época. Fue posible gracias al coraje civil de intelectuales, artistas y gestores culturales que desafían presiones y que sienten que también en la promoción de la cultura es preferible el diálogo al monólogo, la diversidad a la homogeneidad, la pluralidad a la unanimidad monolítica.

Desgraciadamente, la izquierda dura ha reaccionado con violencia a través de los medios, injuriando a creadores que participan en actividades de la oposición. Carente de argumentos, pero pletórica de epítetos, ella define como “traidores”, “vendidos” y “fascistas” a colegas que apoyan las propuestas opositoras, que son fruto de dos años de labor del grupo Tantauco, representan a un vasto sector de la ciudadanía y recogen un ansia natural por impulsar la cultura de forma diferente, de modo más amplio, inclusivo, libre de los favoritismos que se han entreverado en estos años como enredaderas en torno al poder. Particularmente los artistas y escritores que condenamos por igual a dictaduras de izquierda y derecha, exigimos también en democracia el fin de cualquier exclusión, especialmente en el ámbito cultural, y consideramos lamentable la aparición de quienes se consideran tocados por la varita de la verdad y una supuesta superioridad moral.

¿Por qué este sector actúa con intolerancia ante sensibilidades disidentes? ¿Por qué reacciona como si fuese el dueño de la verdad, la cultura y los recursos fiscales para promoverla? ¿Por qué niega a creadores liberales, de centro o de derecha el derecho a proponer modos alternativos para emplear fondos que financiamos los chilenos? Inquietan estos exabruptos que no se observan en otros terrenos de la campaña oficialista. Manifiesta que el monopolio llegó a su fin y que la promoción cultural es algo infinitamente más importante que el destino de ciertos fondos y puestos públicos. Tiene que ver con la forma en que una nación construye su identidad, su memoria y enhebra sus sueños de futuro.



jueves, enero 07, 2010

Hombres de partido Por Gonzalo Rojas Sánchez.

(Gonzalo Rojas Sánchez, Historiador, Abogado y Periodista,
además de profesor Universitario.)

Hombres de partido

Por Gonzalo Rojas Sánchez.

Hora de definiciones en los partidos. Para algunos, los de la Concertación, por su crisis arrastrada desde hace meses y acentuada por su inminente derrota.

Para otros, los de la Coalición, por los desafíos que les planteará desde el mismo 17 de enero su tan anhelada victoria.

En los primeros, ruedan y rodarán las cabezas, porque la derrota devorará a sus peores hijos. En los segundos, el reordenamiento directivo dependerá de sus propias necesidades y proyectos en relación con el nuevo gobierno.

Kast fue el primero en plantear el necesario recambio dirigencial; Enríquez-Ominami lo siguió por fuera de su propio partido; Monckeberg levantó el tema en Renovación, con los resultados electorales aún calentitos; después, Rossi, Harboe y Walker han tratado de tomar para sus propias colectividades el ritmo impuesto por otros.

Es momento, por lo tanto, de observar con cuidado a quienes conducen y representan hoy a esas imprescindibles instituciones democráticas llamadas partidos políticos.

¿Por qué están tan desprestigiados? ¿Por qué son una de las corporaciones peor evaluadas por la ciudadanía (lo que implica, obviamente, que el chileno de capacidades medio-altas tiende a no considerarlos como una opción personal)?

La razón está en esos curiosos sujetos que son “los hombres de partido”. En ellos hay un no sé qué común —ya sean dirigentes locales, regionales o nacionales, militen en el centro, en la izquierda o en la derecha— por el cual la ciudadanía los percibe como una categoría especial y extraña. ¿Qué gen es ése?

Es la mentalidad burocrática hecha partido. Se trata de hombres y mujeres que han buscado cobijo en las estructuras partidarias y que han subido peldaño a peldaño, sobre la base de identificarse gradualmente más y más con el partido como forma de vida. Y esto ha sucedido por igual en las colectividades de mentalidad estatista como en las de aproximación liberal o conservadora.

Son personas que han comenzado a militar entre los 18 y los 25 años; a los 35 ya estaban instaladas en directivas de importancia media, y entre los 50 y los 60 han alcanzado las cumbres de la dirigencia nacional o de la representación parlamentaria. Han logrado recorrer ese camino porque otros iguales a ellos —los dirigentes mayores— han reconocido el gen común y los han potenciado.

Durante todos esos años de militancia, los hombres y mujeres de partido se han ido identificando de tal modo con su institución (como esas señoras mayores con sus perros), que las otras dimensiones de sus vidas han ido desfigurándose y desapareciendo.

Por lo tanto, el recambio en los partidos políticos chilenos no se logrará por el solo hecho de que una nueva camada alcance su conducción, sino que únicamente será posible si un nuevo tipo de dirigentes logra prevalecer. Ésta no es una cuestión de edad, sino de genética política.

Por cierto, no hace falta un ADN común a todos: eso sería totalitario, estalinista. Pero de los nuevos dirigentes partidarios sí se puede esperar que, en vez de ser “hombres de partido”, sean personas de familia, o de fe, o de trabajo, o de estudio, o de principios; o, mejor todavía, de varias de estas coordenadas en conjunto (en buena medida, el éxito de Carlos Larraín se debe a eso).

En todos los partidos políticos es posible encontrar personas con esas condiciones, y es muy probable que sean mayoritariamente jóvenes, aún no burocratizados por la maquinaria partidaria.

En todos, menos en el PC, por cierto: sus militantes se levantan comunistas, desayunan comunistas, van al baño comunistas, trabajan comunistas, se enamoran comunistas... Su presencia en el Congreso servirá al menos para contrastarlos con una sana genética política.


lunes, diciembre 28, 2009

Alta votación de García Pinochet

Sobre el resultado de las Parlamentarias.

El 9,8% de los votos obtenidos por el candidato independiente a Diputado por el Distrito 23, Rodrigo García Pinochet, con una modesta campaña que competía contra los multimillonarios medios de la alianza y la concertación, son para nosotros un verdadero orgullo.

A pesar de haber pasado 20 años, de una campaña miserable de falseamiento de nuestra historia, y una abyecta acción de la derecha sindicándolo como el culpable de que perdieran el doblaje de ese Distrito, nos parece notable y meritorio.

Saquemos algunas cuentas importantes, en el distrito el independiente García sacó la mitad de los votos de la concertación, y proyectando su apoyo a nivel nacional superó con creces la votación del partido comunista, que el partido radical social demócrata y casi los mismos que los socialistas.

Demás esta advertir que García Pinochet sacó mayor votación que los humanistas, que Chileprimero, que los ecologistas, que el partido regionalista de los independientes, que el movimiento amplio social y que el Chile limpio, vote feliz.

Pensamos que los resultados que reseñamos, que ciertamente no son los que esperábamos, nos muestran, una vez más, que los agradecidos con la obra del Gobierno Militar no solo existen, sino que son un número significativamente alto.

Como enseñanza anexa nos señalan las dificultades de enfrentar a las maquinarias políticas de la concertación y la alianza, que con todos los medios del mundo organizan y definen a los ganadores de las elecciones antes que estas se realicen.

Ahora más que nunca es indispensable organizar un referente que tenga por objetivo la defensa de la obra del Gobierno de Pinochet, no como una remembranza del pasado, sino por el contrario con una mirada de futuro que evite los errores del pasado.



martes, diciembre 22, 2009

Un gran paso para las mujeres, Por Cristina Bitar.


Un gran paso para las mujeres,

Por Cristina Bitar.

En muchos sentidos, la última elección presidencial y parlamentaria hizo historia. Es primera vez que la Concertación sale segunda en una elección presidencial, que elige menos diputados que la Alianza y que enfrenta una segunda vuelta sin gozar del favoritismo de los pronósticos. Pero en otra dimensión esta elección también ha sido histórica: es primera vez que el Senado contará con cinco mujeres entre sus miembros. La política ha sido tradicionalmente una actividad masculina y la Cámara Alta, la máxima expresión de ello. Nunca la representación femenina había sido tan grande.

A lo anterior se suma que cada una de estas cinco legisladoras son mujeres de reconocido talento y capacidad de trabajo, y tienen una trayectoria profesional y de servicio público sobresaliente. En pocas palabras, se han ganado con creces el sitial que les ha dado la votación ciudadana. Serán un gran aporte a la cámara que integrarán, al proceso legislativo y al país. Esto es alentador; demuestra que las mujeres se han abierto un camino y cada vez más se ha legitimado su rol en el servicio público. Queda mucho por avanzar: de 38 senadores y 120 diputados, el porcentaje de mujeres sigue siendo menor; nos alegramos porque cinco estarán en el Senado, pero la verdad debiéramos aspirar a que la cifra estuviera en el orden de la mitad en forma normal y permanente.

Lo he dicho antes: para lograrlo no creo que las cuotas sean el camino, sino el que se sigan abriendo oportunidades educacionales, laborales y de participación política. La Presidenta Bachelet ha marcado un hito, que va mucho más allá de su particular opción política. Ha mostrado que la sensibilidad es compatible con el liderazgo político y la eficiencia en la gestión. El apoyo con el que concluye su período, así como la baja votación que obtuvo en primera vuelta el candidato de la Concertación, demuestran la libertad con la que actúa el elector de hoy, que no se amarra a partidos ni coaliciones, y vota pensando en lo que cree mejor para el futuro. Cada día más, tenemos electores que actúan sin prejuicios; ello explica en buena medida el avance de las mujeres en cargos de representación popular.

Esto se expresa en diversos ámbitos. Así como hemos tenido una Presidenta de la República, es perfectamente posible pensar que podemos tener una presidenta del Senado, de la Cámara de Diputados y, en un futuro próximo, de la Corte Suprema. Ya no hay espacios que las mujeres no puedan ocupar. Así también se ha ido desdibujando la imagen de que hay profesiones femeninas y otras masculinas. La mujer puede desempeñar con eficiencia cualquier profesión. De hecho, escuchaba a un destacado economista chileno que reside en Nueva York decir que hay estudios que demuestran que en sociedades altamente desarrolladas y competitivas las mujeres están obteniendo mejores resultados educacionales en matemáticas, por ejemplo, y están recibiendo mayores niveles de remuneraciones que los hombres.

Hacia allá estamos avanzando. Las mujeres que se integran a contar del 11 de marzo al Senado y a la Cámara de Diputados, así como las que ya integraban ambas cámaras, son una luz de esperanza. Es de esperar que los partidos vean cuánto les conviene buscar y estimular liderazgos femeninos. Las mujeres se están abriendo paso simplemente porque son muy buenos candidatos y porque hacen muy bien su trabajo; el partido que no lo entienda así se irá quedando atrás. Chile está cambiando y lo está haciendo en la dirección correcta. Bien por todas las mujeres que se han ganado su espacio con talento y trabajo bien hecho.