martes, febrero 02, 2010

El llamado, por Hernán Felipe Errázuriz.



El llamado,

por Hernán Felipe Errázuriz.

Cientos de aspirantes a ministro están nerviosos. La vigilia es tensa. Celulares abiertos y los teléfonos fijos de sus casas nadie más los puede ocupar. Tomaron todas las medidas para ser ubicados en cualquier momento y lugar. Traje oscuro nuevo, o retirado de la tintorería, listo.


Están dispuestos a dejar todo de lado, vacaciones, senadurías, mujeres, maridos y niños, por un ministerio. Quieren ser llamados pronto ministro o ministra.


Algunos deslizaron sus propios nombres, por si acaso. Total, es conveniente sonar entre los posibles: es señal de cercanía con el empoderado. A lo mejor hay otra oportunidad y otros cargos, asesorías y embajadas.


Pretenden no estar interesados. Si son designados, se mostrarán sorprendidos y aparentarán contrariedad y sacrificio. Aceptarán sólo por servir al país. Unos pocos quisieran que no se acuerden de ellos: rechazar la oferta presidencial es costoso y negarse al servicio público, un descrédito.


Los sherpas del presidente han recogido currículos, ordenaron las nóminas y se comprometieron a un secreto que difícilmente guardarán. Por encargo, harán un llamado exploratorio a los candidatos para saber si están disponibles, sin precisar el cargo. La respuesta será obvia. Aumenta la ansiedad.


Como si se tratara de recibir un sacramento, tienen padrinos. Ser nominado no es suficiente, se requiere de decreto firmado. En cualquier momento pueden quedar excluidos; el suspenso dura hasta el mismo juramento. Ambiciones infinitas están desplegadas y los rumores se multiplican.


En otros países, agentes del Servicio Secreto sigilosamente ya habrían recogido antecedentes e investigado los comportamientos privados. Aquí no se corren esos peligros, a lo más revisarán el Dicom, que sólo registra los cheques y cuentas protestadas recientes. Total para ser ministro apenas se requiere enseñanza básica.

En esta etapa, no hay más riesgo para los interesados que algunas intrigas; no se descubrirá ni se revelará nada inconveniente. Después podrían venir las sorpresas desagradables, las decepciones, las endogamias, los prontuarios, la publicidad de los bienes e intimidades, y las descalificaciones.


En estos días no hay perdedores, la mayoría se cree con sobrados méritos para ser ministro, poseedores de las mayores capacidades, con planes nacionales y todas las posibilidades de ser designados.


El más complicado es el Presidente electo. El único responsable de los nombramientos no debe equivocarse, tiene que producir un gabinete y en poco tiempo. Quisiera nombrar a los mejores y no podrá. Algunos no están disponibles, otros son vetados o no encajan. La coalición de gobierno podría colisionar, en la partida. El Presidente no puede gobernar solo. Tiene que hacer el llamado.


En estos días no hay perdedores, la mayoría se cree con sobrados méritos para ser ministro, poseedores de las mayores capacidades, con planes nacionales y todas las posibilidades de ser desiguales.


viernes, enero 29, 2010

CHILE EL LAZARILLO DE AMÉRICA, por Alberto Medina Méndez.


CHILE EL LAZARILLO DE AMÉRICA,

por Alberto Medina Méndez.

Ha culminado el proceso electoral chileno, ese que desembocó en la elección del candidato presidencial Sebastián Piñera. Tras 20 años de democracia, y luego de una ininterrumpida seguidilla de triunfos electorales de la poderosa Concertación de partidos de centro izquierda, se produjo el punto de inflexión. Es ahora el turno de los opositores a esa coalición gobernante que dominó el arco político local durante estas últimas décadas. Podría tratarse de una elección más, de una doméstica compulsa electoral de mera trascendencia interna del país andino. Quedarse en la anécdota sería desconocer el valor testimonial histórico que tiene esta elección, esta bisagra en la historia de Chile, y el impacto en el continente de un hecho sin precedentes ya no por el resultado ni por el giro político implícito, sino por su profundo significado institucional y democrático.

Chile es, sin duda alguna, el país de América Latina que más logros ha obtenido en los últimos tiempos. Ha progresado económicamente, se ha consolidado como una democracia robusta, logrando discutir temas impensados para las paupérrimas agendas políticas del continente, constituyéndose en una referencia viva de lo que puede conseguirse cuando se hacen algunas cuantas cosas bien.

La nación transandina tiene muchos problemas, como casi cualquier país. Enfrenta conflictos, debe superar sus propias limitaciones, tiene asignaturas pendientes. No se trata, está claro, de un paraíso terrenal.

Pero todas sus falencias no opacan lo mucho que ha avanzado. Una economía consolidada en muchos aspectos, una sociedad abierta al mundo, integrada a la comunidad internacional con múltiples acuerdos, que goza de un respeto sin límites por su capacidad para cumplir compromisos, por su formalidad y seriedad a la hora de los acuerdos, por su, a veces discutida, ecuanimidad en materia de política exterior.

Y no es que todos sus ciudadanos estén conformes con lo obtenido. Aún resta demasiado por hacer. Pero queda claro que los chilenos confían plenamente que ese proceso de mejoras, se consigue solo de la mano de instituciones sólidas, de una democracia que teniendo mucho por evolucionar, ha conseguido avanzar y que sus logros pendientes aparecerán una vez que los ciudadanos se enfoquen en resolverlos como ha pasado con cada una de sus conquistas locales.

América es un continente con pocas democracias maduras, repleta de signos cotidianos de intolerancia, violencia. Tenemos comunidades hostiles con el despliegue económico, que recitan progreso haciendo todo lo inverso. América es, muchas veces, verborrágica, tumultuosa, grandilocuente, plagada de conflictos, pero siempre inmersa en un debate populista y demagógico que solo ha logrado, retrocesos indefinidos.

En ese contexto, Chile, se ha constituido en un faro, una guía, un norte ( vaya paradoja ), un espejo en el cual reflejarse. Con sus virtudes y defectos, hay mucho que copiar y admirar de ese país y sobre todo de su modo de hacer las cosas.

El discurso de sus líderes políticos, vencedores y vencidos de la contienda es solo un ejemplo de ello. Escenas que nos muestran a la actual mandataria y al nuevo Presidente electo, desplegando elogios cruzados, agradecimientos mutuos, y deseos de éxito para el futuro, en espacios compartidos ante los canales de televisión, con transparencia ciudadana, hablan de una madurez política, cívica, una acabada comprensión de lo que significa vivir en democracia. Una democracia, que nada tiene que envidiar a las civilizaciones con más tradición republicana del planeta.

Algunos pueden preferir pasar por alto el hecho reciente, tomando este enero de 2010, como solo una escala del surtido calendario electoral de América Latina. El resultado no debe cegar a los analistas. Las inclinaciones ideológicas y las pasiones políticas no deben interferir, de modo alguno, el significado que esta sociedad chilena le aporta al continente. Podría haberse dado otro resultado electoral, y mucho de lo afirmado, tendría idéntico valor.

Cuando nuestra América, el mundo en definitiva, comprenda la casi matemática correlación que existe entre el progreso de las naciones, el crecimiento económico, el desarrollo productivo, la vigencia plena de las libertades individuales, instituciones sólidas y democracias firmes, puede que la historia del planeta del el giro positivo que tanto anhelamos.

Los gobiernos populistas, tan presentes en nuestra geografía latina, las aisladas pero aún vigentes dictaduras del globo, y las precarias democracias plagadas de oportunismo y demagogia, no son el sendero a recorrer en el camino hacia un mundo mejor.

No existe progreso económico ni sociedades capaces de superarse a si mismas, allí donde reina la mediocridad, los mesiánicos lideres contemporáneos, o las parodias de democracias que tanto conocemos y padecemos.

La fórmula ideal siempre es compleja, pero sin duda alguna, los ingredientes principales para la construcción de una sociedad capaz de generar cambios positivos, viene de la mano de una democracia sin condiciones y el desarrollo de un férreo respeto por instituciones en constante evolución.

Sin estos componentes, nuestras comunidades, nuestras naciones, están condenadas al fracaso eterno. Los chilenos tienen aún mucho por mejorar, sus asignaturas pendientes están a la orden del día. Pero queda claro, que en un contexto continental tan débil, Chile, es el lazarillo de América.

Alberto Medina Méndez (medinamendez@semanarioatlantico.com) es periodista y analista político y creador de la iniciativa digital “Existe otro camino”.


jueves, enero 28, 2010

La “dictadura civil” y otros cuentos, por Jacinto Gorosabel.

La “dictadura civil” y otros cuentos,

por Jacinto Gorosabel.

El diccionario de la RAE define “prejuicio” como una “opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”. Y es que, aunque ya pasó la elección presidencial y triunfó el candidato de la centroderecha, algunos efectos de la campaña del terror en su contra continúan hasta ahora, precisamente en la forma de prejuicios, es decir, de comentarios negativos sobre la persona o el mandato del futuro Presidente que no están basados en la verdad o en hechos reales.

Algunos opositores a Sebastián Piñera observan con desconfianza y recelo cualquier gesto o palabra del futuro gobernante. Otro, sencillamente, no se limitan a expresar sospechas sino que temerariamente anuncian eventuales marchas y paros para protestar por políticas públicas que, mientras no sean ejecutadas, son sólo producto de una afiebrada imaginación.

Los fantasmas de abusos laborales, concentración del poder económico y político, restricciones a la libertad de prensa, conservadurismo moral público, privatizaciones masivas, etc., recorren las cabezas de dirigentes políticos y sociales como los cuatro jinetes del apocalipsis, sembrando el miedo a retroceder en el campo de las libertades y derechos individuales y sociales. Parte de estos temores fueron abonados por las campañas presidenciales de los candidatos Frei, Enríquez-Ominami y Arrate que, de una u otra manera, alertaban o insinuaban que había que “proteger” a Chile de un posible gobierno de la centroderecha.

Desatada la campaña del terror, se propalaron rumores que aventuraban el regreso al gobierno militar bajo la forma de una “dictadura civil” a la que había que detener votando por Frei. Así lo dijo el diputado del PPD, Jorge Tarud, el pasado 26 de diciembre, informando que junto con Carolina Tohá y Ximena Rincón recorrerían el país advirtiendo sobre este peligro. Aunque no podemos saber cuántas personas creyeron en esta fatídica profecía, probablemente hubo más de uno que no votó por Piñera convencido por la creatividad de Tarud.

Hace unos días, fuimos testigos de otro capítulo de la campaña del terror, en esta nueva edición se nos presentaba el relato –protagonizado siempre por el maligno empresario- del candidato victorioso que no vendió sus empresas antes de la elección y que por efecto de su triunfo en las urnas, lograba que sus acciones bursátiles alcanzaran precios altísimos, alza que le aportaría una nueva fortuna con la cual no sólo recuperaría lo gastado en la campaña sino que lo haría inimaginablemente rico. Entonces, otra vez se alzó el coro de críticos a Piñera, esta vez para entonar la majadera cantinela de que el Presidente electo “no era capaz de separar la política de los negocios” , defecto que acarrearía una sucesión de “conflictos de interés” entre el patrimonio del mandatario y el bien del Estado.

Como es dable suponer, ciertos adversarios de Piñera, presumen a todo evento que el futuro gobernante aprovechará en su beneficio cualquier oportunidad para aumentar su fortuna. Con razón, Piñera ha llamado a estos opinologos de mala fe, “miserables”, pues sólo los anima empañar su imagen y honra sobre la base de prejuicios, suposiciones y mentiras. Para este grupo es inútil que se recuerde que el ex candidato ha cumplido todo lo prometido en materia de la administración de sus bienes. Que ha respetado el cronograma que se él mismo se impuso y que resulta meritorio que aun cuando no hay ley que regule este problema, voluntariamente ha resuelto crear un fideicomiso ciego como una solución.

Así como el advenimiento del gobierno de Piñera no será, en ningún caso, una “dictadura civil” o un retroceso en el campo de las libertades y autonomías individuales y sociales, tampoco provocará conflictos de intereses que enturbiarán la gestión del Estado. Tres y medio millones de chilenos expresaron su total confianza en Piñera al elegirlo como su máximo representante, esas mismas personas también escucharon pero no creyeron el cuento de la “dictadura civil” y tantos otros que son difundidos y repetidos diariamente por quienes desean ver fracasar al futuro gobierno y su proyecto político.

Tomado de www.columnadigital.cl