lunes, marzo 12, 2012

Abandono, por Adolfo Ibáñez.



Abandono, por  Adolfo Ibáñez.



El movimiento que agita a la Región de Aysén apunta a múltiples objetivos que no fueron fáciles de definir. Sus dirigentes surgieron de la ocasión y no les ha sido fácil ordenar y disciplinar a los manifestantes. Hay que ver en ello el afloramiento de un malestar anímico generalizado, más allá de las peticiones que apuntan a cuestiones materiales y económicas.


Esta realidad medular le dificultó al Gobierno comunicarse convincentemente con los chilenos de aquella región para entablar un diálogo fructífero y pacificador. Esgrimió el bajo desempleo y el notable índice del crecimiento económico regional, lo que no ayudó al diálogo, pues las peculiaridades de esa zona y su corta población hacen más complejo expresar en cifras la realidad cabal de su vida. En su forma externa, el problema tocó un asunto de seguridad interior, pero en lo íntimo de él, la clave para su comprensión radicó en el abandono de que ha sido objeto por parte del Estado desde siempre.


No han faltado motivos para ver un parecido con el movimiento estudiantil del año pasado, percibiendo que, al igual que aquél, la multiplicidad de objetivos y su radicalización lo debilitan y desdibujan. Tampoco se lo puede aislar de la movilización magallánica suscitada por el subsidio al gas. Si continuamos hilando por esta senda, se lo emparienta con el desasosiego que se percibe en Arica y con los sentimientos de los afectados por los terremotos de Tarapacá y de Tocopilla. Y, también, con los del terremoto grande de 2010, avivado hoy por el oportunismo político.

 
El problema que descubre el movimiento de Aysén es el abandono en que nos encontramos. Esto último parece una paradoja, considerando las actuales buenas cifras económicas nacionales, el bajo desempleo y, además, la multiplicidad de subsidios que benefician a una parte importante de la población. Se olvida que estos últimos -los subsidios- tuvieron su origen en la dejación de la clase política que, antes que potenciar la vida del país con nuestra propia pujanza, prefirió magnificar malestares grupales, para luego aminorarlos recurriendo a los extraordinarios ingresos del cobre de la última década. El resultado de tal política fue que por todo el país comenzaron a prevalecer las angustias antes que las esperanzas. Es preciso revertir esta situación, convenciendo que las políticas y las medidas del Gobierno apuntan a fortalecer una sociedad de oportunidades y resaltar el valor que ello tiene para el futuro de cada chileno en particular.
 

viernes, enero 27, 2012

Establecimientos Educacionales: La Toma del Estribo, por Fernando Villegas.


Establecimientos Educacionales: La Toma del Estribo,
por Fernando Villegas.

Algunos padres y apoderados -y sus respectivos hijos- necesitan otro año de vociferaciones, pero son un grupo pequeño.


Hubiera podido temerse que tal como las tiendas suelen adelantar la temporada de venta de uniformes escolares mucho antes que terminen las vacaciones, incluso a veces antes que empiecen, la temporada de tomas de establecimientos educacionales se reinauguraría mucho antes del comienzo del año escolar, anunciando muy por adelantado un 2012 muy conflictivo. Y pareció que así sería cuando el jueves en la mañana el Internado Nacional Femenino de Ñuñoa apareció retomado por un grupo de alumnas cuyas matrículas habían sido canceladas.


La toma partió en la madrugada y se verificó siguiendo el procedimiento habitual: un puñado de alumnas acompañadas por un escuadrón de unos 20 o 30 mocetones -¿la cuarta especial del "cordón Ñuñoa"?- entró al recinto sin oposición del veterano caballero a cargo del cuidado del establecimiento. "No voy a estarle pidiendo a un funcionario", explicó el alcalde Sabat, "que oponga resistencia y exponga su integridad física ante un grupo de esa clase".


Pero hasta ahí llegó el parecido con los progresivos, estruendosos, populares, mediáticos y combatientes meses del 2011. El número total de niñas con problemas de matrícula nunca superó las 21. De ellas varias apelaron y recibieron positiva respuesta del consejo de profesores, otras insistirán, unas pocas simplemente irán a otros colegios y a fin de cuentas no más de 12 ingresaron al instituto. Y ahí quedó todo. Más aún, el alcalde recibió, por carta, una petición del centro de padres y apoderados para que desalojara el colegio.


OTROS TIEMPOS
Esta acción no alcanzó entonces ni de lejos los ribetes que pudieron imaginarse en un comienzo. Ni cuantitativa ni cualitativamente se acercó a las tomas del año pasado. Corren otros tiempos y prevalecerán, por tanto, otros discursos, otras epopeyas y otras acciones. Eso ya se adivinaba en los recientes discursos de los dirigentes estudiantiles, quienes, directa o directamente, reconocen que el camino de las tomas, las marchas y las manifestaciones está ya, si no cerrado, muy disminuido. Se adivina también en el ánimo de un par de millones de padres y apoderados, para nada dispuestos a asomarse otra vez a aporrear cacerolas, perder el valor de las matrículas y ver a sus hijos desperdiciar otro año. Tampoco los estudiantes, salvo una minoría irreductible, están para más de lo mismo. Bueno el cilantro, pero no tanto. Hay algunos padres y apoderados -y sus respectivos hijos- que aún no han vaciado su personal  marmita de rencores y necesitan otro año de vociferaciones y manifestaciones, pero son un grupo pequeño, casi sólo de muestra, una reliquia.


…Y OTRO ESCENARIO
Por cierto, no hay garantías. Un grupo pequeño, por minoritario que sea, si está organizado, decidido y cuenta además con el amable apoyo de los medios de prensa, donde hoy abundan los autoproclamados voceros del progresismo, puede hacer mucho estropicio. No se necesitan los mil alumnos de un liceo para tomárselo; basta una docena y el correspondiente escuadrón de ayudistas armados de fierros. Pero de todos modos eso cambia totalmente el cuadro. Tomarse un colegio a fierrazos es una cosa; mantenerlo tomado es otra. Sin apoyo masivo y una opinión solidaria, se condenan rápidamente a sufrir lisa y llanamente la acción policial y de la justicia.


El escenario de 2012 parece entonces ser diferente. Esta breve y minúscula toma del Internado en Ñuñoa tal vez -tal vez- lo demuestra. Aun si se repite en otros lados, el calibre del asunto se nota muy disminuido. Los estudiantes y en especial sus dirigentes tienen la película clara: a base de lo ya ocurrido el 2011, del año perdido, de los dineros desperdiciados, de los proyectos en marcha que han de votarse en el Parlamento y de la simple imposibilidad sicológica de exigir a los estudiantes de Chile otra paralización de gran tamaño, el movimiento debiera verse abocado -debiera- a buscar otras vías para impulsar sus planes y mantenerse vivo.


Todo pareciera indicar entonces que esta fue, la del Internado, la toma del estribo. Pareciera.

Publicado en La Tercera, 27 de enero, 2012.

lunes, enero 02, 2012

Lágrimas coreanas, por Jorge Edwards.


Lágrimas coreanas, 
 por Jorge Edwards.


Hace días que veo a jóvenes norcoreanas que lloran como histéricas por la muerte de Kim Jong-il, el líder bien amado. Me acuerdo de un poeta venezolano, comunista, que fue contratado como traductor en Corea del Norte y que suprimía adjetivos y títulos del jefe de entonces en los numerosos documentos que tenía que traducir palabra por palabra. Lo hacía para abreviar, por sentido estético y poético. Pues bien, fue condenado a prisión, acusado de irreverencia, de traición, de otros crímenes. Miguel Otero Silva, su compatriota y colega de partido, novelista, comunista y millonario, pasaba en esos años por París y viajaba de vez en cuando a Pyongyang a interceder por él. Consiguió su libertad, al cabo de no pocos años. Quitarle títulos al jefe supremo, aunque fuera en las traducciones de documentos perdidos, era como quitarle atributos a Dios Padre. Todo se reducía a un problema religioso. Nosotros, en Occidente, hemos evolucionado durante siglos hasta conseguir que las cabezas de los Estados no sean consideradas de origen divino. El rey de España, por ejemplo, declara en estos días que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, aun cuando esta declaración tenga consecuencias dentro de su familia. Pero no todos entienden, aquí o allá. Algunos llegan al extremo de mandar farragosos telegramas de condolencia a Corea del Norte.


Cuando viajé a Moscú, en los primeros años de gobierno de Boris Yeltsin, conocí a una señora que había sido amiga de Pablo Neruda y que me confesó que había llorado a mares, en su juventud, al conocer la noticia de la muerte de José Stalin. Como las chicas norcoreanas de ahora. De todos modos, Stalin tuvo más grandeza que el gordito heredero de su cargo. Esta mujer, después, se convirtió en enemiga apasionada del régimen soviético. Ya ven ustedes. Observo en los diarios las caras de las lloronas de estos días y no creo que ninguna de ellas tenga tiempo de cambiar. Corea del Norte se ha quedado al margen de la historia moderna, durante décadas, en nombre de una antigua filosofía mal interpretada.


Los niveles de satrapía a que se ha llegado en ese país son impresionantes. Pero el tema no les interesa nada a los chilenos. Nuestra tosquedad mental, nuestra terquedad, nuestra dureza intelectual a prueba de balas, son dignas de mejores causas. En Europa leí las historias del cocinero japonés de Kim Jong-il. El gran jefe ponía un avión a disposición de su cocinero para que le comprara cargamentos de erizos frescos en las costas de Japón o del oriente ruso. Los niveles de consumo del pueblo, en cambio, que ahora llora la muerte del líder bienamado, eran cada día más miserables.


Las imágenes de los funerales, con el enorme automóvil, con el féretro cubierto por la bandera roja, el hijo tercero a la derecha, el jefe del Ejército al otro lado, el tío y tutor, Jang Song Thaek, detrás, son de estilo inconfundible: fascistas, estalinistas, orwellianas. Representan el entierro del Hermano Mayor y su reemplazo en la célebre novela 1984. Como hay que tener sumo cuidado, como las transiciones son altamente peligrosas, el sucesor avanza debidamente vigilado por el tío severo y por el jefe del Estado Mayor del Ejército Popular. Las jóvenes de la época de José Stalin tuvieron la oportunidad de cambiar, pero con respecto a las jóvenes de la Corea del Norte de hoy no tengo demasiado optimismo. Se perfeccionan las democracias, lentamente, pero también se perfeccionan las dictaduras. Hugo Chávez sugiere que las enfermedades que lo aquejan a él, a Cristina Fernández, al presidente ecuatoriano Correa, al mismo Fidel Castro, son de sutil origen imperialista. Lo afirma con notable convicción, desde una tribuna bien montada, aplaudido a rabiar por sus auditores. Es decir, habría laboratorios del Pentágono, de la CIA, de lugares no menos siniestros, dedicados a producir virus y a lanzarlos contra gobernantes «progresistas».


Un amigo francés, inteligente, de cultura, relacionado de algún modo con los chilenos de Francia, se me acerca y me asegura, con asombro: los chilenos no te perdonan nada. Algunos, le contesto, en el fondo, bastante pocos, y entre ellos hay una especie particular que me da pena. Son los que se me acercan en forma subrepticia y me dicen, en voz baja, mirando para los costados, que están de acuerdo conmigo. ¿Por qué tanto miedo?, me pregunto. ¿Es que no sabemos aprovechar nuestras libertades, nuestros derechos, derechos humanos, sin la menor duda, y pensar con independencia, sin pedirles permiso a comisarios de ninguna clase? La mayoría de los chilenos de hoy, a pesar de las encuestas, de las insistentes y majaderas protestas, de tantas cosas, tiene la ilusión de que el país se podrá desarrollar en un futuro cercano. Tengo la misma ilusión, pero tengo, también, una seria duda. Si no aprendemos a pensar en serio, con personalidad, con entereza, perderemos la oportunidad. El pan se nos quemará en la puerta del horno, como ha sucedido otras veces en nuestra historia. Y esto no será culpa de un solo lado, será una culpa colectiva. Porque el pensamiento es una cuestión de conocimiento, de cultura, de lectura, de estudio, de análisis y polémica abierta. Paso por el país y no veo que todo esto tenga un espacio, una aceptación, un desarrollo suficientes. El estudio es para toda la vida, como predica la Unesco, institución en la que represento a Chile, pero eso aquí no lo practican ni siquiera los estudiantes. ¿Qué se puede esperar, entonces? Me encuentro con excepciones magníficas, en todos lados, pero la regla general me decepciona en casi todo. Y hasta pienso que debería eliminar el «casi».